¿Alguien lanza una ofensa contra mí? Él sabrá. Tiene su naturaleza y su actuación particulares. Yo ahora tengo lo que quiere que tenga la naturaleza común y hago lo que ella dicta.

Marco Aurelio

De vez en cuando Abraham Lincoln se enfurecía con algún subordinado, con alguno de sus generales o incluso con algún amigo. Pero, en vez de desquitarse directamente con es persona, escribía una extensa cara en la que les explicaba el caso, cuál era su error y qué quería que supieran. Después la doblaba, la guardaba en el cajón de su escritorio y no la enviaba nunca. Muchas de esas cartas sobreviven por casualidad.

Él sabía, al igual que el antiguo emperador romano, que es muy fácil contratacar. Es tentador decir a la gente lo que piensas. Pero casi siempre terminas arrepentido. Casi siempre deseas no haber mandado la carta. Recuerda la última vez que perdiste los estribos. ¿Cuál fue el resultado? ¿Hubo algún beneficio?

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