No olvides que la ofensa no se encuentra, ni en el insulto, ni en los golpes que recibes, sino en tu opinión. Por ello, cuando un hombre exalta tú cólera, debes saber que es tu propia opinión la que te ha irritado. Esfuérzate en no dejarte llevar por las apariencias. Pues cuanto antes lo hagas, más fácilmente adquirirás control sobre ti mismo.

Epicteto

Los estoicos nos recuerdan que no hay un suceso objetivamente bueno o malo como tal. La pérdida de un millón de euros por culpa de la fluctuación de los mercados no es la misma para un millonario que para un hombre común. Del mismo modo, recibes de forma diferente las críticas de tu peor enemigo que las palabras negativas de tu pareja. Si alguien te manda un correo electrónico ofensivo, pero nunca lo has conocido, ¿acaso tiene importancia? En otras palabras, todas las situaciones exigen nuestra participación o categorización para ser <negativas>.

De hecho, nuestra reacción determina la existencia de la ofensa. Si nos sentimos maltratados y nos disgustamos, eso será justamente lo que haya ocurrido. Si levantamos la voz porque sentimos que nos están desafiando, el resultado será, justamente, un enfrentamiento.

Sin embargo, si nos controlamos, seremos nosotros quienes determinemos si algo es bueno o malo. De hecho, si el mismo suceso nos ocurriera en distintas etapas de nuestra vida, tendríamos reacciones muy diversas. Entonces, ¿por qué elegimos clasificar las cosas de forma negativa? ¿ Por qué no elegimos no reaccionar?

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