Recuerda que no solo el ansia de poder y riqueza nos hace viles y subordinados a cosas ajenas, sino también el ansia de calma, ocio, viajes y letras. Sencillamente, sea lo que sea lo exterior, su aprecio nos subordina a otra cosa… Por eso, donde está el afán, allí está también el impedimento.

Epicteto

Afortunadamente, Epicteto no sugiere que la paz, el ocio, los viajes y el aprendizaje sean negativos. Sin embargo, el deseo constante y ferviente (si bien no es malo por sí mismo) está cargado de posibles complicaciones. Aquello que deseamos nos hace vulnerables. Ya sea una oportunidad para viajar por el mundo, ostentar un alto cargo o tener cinco minutos de paz y tranquilidad. Cuando anhelamos algo, cuando queremos lo imposible, nos predisponemos a ser víctimas de una decepción. Porque es probable que el destino intervenga y perdamos el control.

Como Diógenes, el célebre filósofo cínico, afirmó una vez: <Es el privilegio de los dioses no desear nada, y de hombres divinos desear poco>. No querer nada nos hace invencibles, porque así tenemos el control sobre todo. No solo se refiere a no desear banalidades como el dinero, la fama o la clase de disparates que están ilustrados en algunas de nuestras obras y fábulas clásicas. Esa lejana luz verde a la que Gatsby aspiraba también puede representar cosas positivas, como el amor a una causa noble. Pero, asimismo también puede destruir a alguien.

Cuando se trata de tus objetivos y tus esfuerzos, pregúntate: ¿Los controlo yo, o ellos me controlan a mí?

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