Ese es el que de verdad se ejercita, el que se entrena para enfrentarse a representaciones (falsas). ¡Aguanta, desdichado! ¡No te dejes llevar! La lucha es grande; la obra, divina: por un reino, por la libertad, por la felicidad, por la imperturbabilidad.
Epicteto

Epicteto también utilizó la metáfora de una tormenta. Afirmaba que nuestras impresiones no son distintas del clima extremo, que nos pueda atrapar y sacudir. Lo podemos entender cuando nos exaltamos o afrontamos un asunto con pasión.
Sin embargo, pensemos en el papel del clima en los tiempos modernos. Hoy hay meteorólogos y expertos que pueden predecir los patrones de una tormenta con bastante exactitud. Solo estamos indefensos frente a un huracán si nos negamos a prepararnos o ignoramos las advertencias.
Si no contamos con un plan, si nunca aprendemos a asegurar las ventanas, estaremos a merced de esos elementos externos e internos. Seguimos siendo seres humanos débiles si nos comparamos con los vientos de casi doscientos kilómetros por hora; aun así, tenemos la ventaja de poder prepararnos, de poder luchar contra ellos de una manera mejor.
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