Nada nos persigue como esta pasión (ira), aturdida en sus fuerzas, soberbia del triunfo y loca después del engaño. El fracaso no la desalienta. Si la fortuna le sustrae su adversario, dirige su furiosa mordedura contra sí misma.
Séneca

Como los estoicos han dicho en innumerables ocasiones, enfadarse casi nunca resuelve nada. Normalmente, empeora las cosas. Nos molestamos, la otra persona se molesta, todos están molestos y el problema continúa sin resolverse.
Muchas personas exitosas explican que la ira es un combustible fundamental en sus vidas. El deseo de <demostrar a todos que se equivocan> o <restregar el éxito por la cara de los demás> ha producido muchos millonarios. La rabia de que te tilden de gordo o estúpido ha creado especímenes con un físico estupendo y mentes brillantes. El miedo a ser rechazados ha motivado a muchos a labrarse su propio camino.
Sin embargo, es una actitud corta de miras. Dichas historias ignoran la contaminación y el desgaste que se producen como efectos secundarios. Olvidan lo que sucede cuando esa ira se acaba y necesita más combustible para mantener el motor en marcha ( hasta que con el tiempo lo único que queda es la ira hacia uno mismo)
La ira es un combustible tóxico. No hay duda, en el mundo hay mucha ira, pero nunca vale la pena el coste que conlleva.
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