• El alma es como un barreño de agua, y las representaciones, como el rayo de luz que incide sobre el agua. Cuando el agua se mueve, parece que también se mueve el rayo de luz, sin embargo, no se mueve. Y cuando uno desfallece, no son las artes ni las virtudes las que se confunden, sino el espíritu en el que residen. Y una vez que se restablece, se restablecen también ellas.

    Epicteto

    Te equivocaste un poco, o tal vez mucho.

    ¿Y qué? Eso no cambia la filosofía que ya conoces. No quiere decir que tu libre albedrío te haya abandonado para siempre. Al contrario, tú lo abandonaste temporalmente.

    RECUERDA que la turbulencia del momento no afecta a las herramientas y los objetivos de nuestra formación. Detente. Recupera la compostura. Te está esperando.

  • De lo existente, unas cosas son buenas, otras malas y otras indiferentes. Buenas son las virtudes y lo que participa de ellas; malas, las maldades y lo que participa de la maldad; indiferente, lo que está entre ambas: la riqueza, la salud, la vida, la muerte, el placer, el dolor.

    Epicteto

    Imagina el poder que tendrías en tu vida y en tus relaciones personales si todas la cosas que preocupan a los demás ( cuánto pesan, cuánto dinero tienen, cuántos años les queda de vida, cómo van a morir) no te importarán tanto. ¿Qué pasaría si, en vez de estar molesto o emocionado, y ser envidioso, posesivo o codicioso como el resto, fueras objetivo, sereno y lúcido? ¿Te lo imaginas? Imagina qué efecto tendría en tus relaciones laborales y sentimentales.

    Séneca era un hombre increíblemente adinerado, incluso famoso; sin embargo, era un estoico. Tenía muchos bienes materiales; pero, como dicen los estoicos, también los trataba con indiferencia. Aunque los disfrutaba, también aceptaba que podían desaparecer algún día. Esa actitud es más provechosa que el deseo de poseer más o el miedo a perder incluso un euro. La indiferencia es un terreno neutral sólido.

    No se trata de eludir ni rechazar las cosas o sus consecuencias, más bien de no otrogarles más poder o preferencia de la debida. Sin duda, no es fácil, pero si lo lograras, ¿no estarías mucho más relajado?

  • ¿Alguien lanza una ofensa contra mí? Él sabrá. Tiene su naturaleza y su actuación particulares. Yo ahora tengo lo que quiere que tenga la naturaleza común y hago lo que ella dicta.

    Marco Aurelio

    De vez en cuando Abraham Lincoln se enfurecía con algún subordinado, con alguno de sus generales o incluso con algún amigo. Pero, en vez de desquitarse directamente con es persona, escribía una extensa cara en la que les explicaba el caso, cuál era su error y qué quería que supieran. Después la doblaba, la guardaba en el cajón de su escritorio y no la enviaba nunca. Muchas de esas cartas sobreviven por casualidad.

    Él sabía, al igual que el antiguo emperador romano, que es muy fácil contratacar. Es tentador decir a la gente lo que piensas. Pero casi siempre terminas arrepentido. Casi siempre deseas no haber mandado la carta. Recuerda la última vez que perdiste los estribos. ¿Cuál fue el resultado? ¿Hubo algún beneficio?

  • No olvides que la ofensa no se encuentra, ni en el insulto, ni en los golpes que recibes, sino en tu opinión. Por ello, cuando un hombre exalta tú cólera, debes saber que es tu propia opinión la que te ha irritado. Esfuérzate en no dejarte llevar por las apariencias. Pues cuanto antes lo hagas, más fácilmente adquirirás control sobre ti mismo.

    Epicteto

    Los estoicos nos recuerdan que no hay un suceso objetivamente bueno o malo como tal. La pérdida de un millón de euros por culpa de la fluctuación de los mercados no es la misma para un millonario que para un hombre común. Del mismo modo, recibes de forma diferente las críticas de tu peor enemigo que las palabras negativas de tu pareja. Si alguien te manda un correo electrónico ofensivo, pero nunca lo has conocido, ¿acaso tiene importancia? En otras palabras, todas las situaciones exigen nuestra participación o categorización para ser <negativas>.

    De hecho, nuestra reacción determina la existencia de la ofensa. Si nos sentimos maltratados y nos disgustamos, eso será justamente lo que haya ocurrido. Si levantamos la voz porque sentimos que nos están desafiando, el resultado será, justamente, un enfrentamiento.

    Sin embargo, si nos controlamos, seremos nosotros quienes determinemos si algo es bueno o malo. De hecho, si el mismo suceso nos ocurriera en distintas etapas de nuestra vida, tendríamos reacciones muy diversas. Entonces, ¿por qué elegimos clasificar las cosas de forma negativa? ¿ Por qué no elegimos no reaccionar?

  • No hay que enfurecerse con las cosas, porque a ellas nada les importa.

    Marco Aurelio.

    Las circunstancias —una enfermedad, perder dinero, una discusión, el mal tiempo, un fracaso, una injusticia— no tienen intención ni emociones. No “van contra ti”. No intentan castigarte ni humillarte. Simplemente ocurren.

    Cuando dice “a ellas nada les importa”, Marco Aurelio no está diciendo que tus sentimientos no valgan. Está diciendo otra cosa: los hechos son indiferentes a nuestras reacciones.

    Por ejemplo:

    • Llueve el día que ibas a hacer una excursión.
      Puedes enfadarte muchísimo… pero la lluvia no desaparece.
    • Pierdes un tren por llegar tarde.
      Puedes sentir rabia, frustración o culpa… pero el tren ya salió.
    • Alguien te critica injustamente.
      El hecho ocurrió. Lo que viene después es tu interpretación y tu respuesta.

    La propuesta estoica es:

    No gastes energía peleándote con lo que ya es real.
    Invierte esa energía en lo único que sí controlas: tu juicio, tus decisiones y tu conducta.

    No significa:

    ❌ “No sientas nada.”
    ❌ “Reprime emociones.”
    ❌ “Todo da igual.”

    Significa:

    ✅ Reconoce lo que pasó.
    ✅ Acepta que ocurrió.
    ✅ Decide qué hacer ahora.

    Hay una diferencia importante entre:

    • “Esto es horrible, no debería estar pasando.”
      y
    • “No me gusta que pase, pero está pasando. ¿Qué hago ahora?”

    La segunda postura es muy estoica.

    También hay algo duro y liberador en la frase: muchas veces sufrimos dos veces. Primero por el hecho y luego por la pelea mental contra el hecho: “Esto no tendría que haber pasado”. Marco Aurelio propone cortar esa segunda parte.

    Traducido a lenguaje actual, sería algo parecido a:

    “La realidad no negocia con nuestro enfado.”

  • (Catón) se ejercitaba también en la oratoria como instrumento para dirigirse a las masas, por considerar que era conveniente en una gran ciudad que la filosofía política tuviera también potencia de fuego. Sin embargo, no se ejercitaba con otros ni se le oyó nunca un discurso. Una vez, un compañero le dijo: <La gente critica tu silencio>. A lo que replicó:< Al menos, que no critiquen mi vida. Empezaré a hablar cuando vaya a decir cosas que no deba callar>.

    Plutarco

    Actuar y dejarse llevar es fácil. Pero es más difícil detenerse, hacer una pausa y reflexionar: No, no estoy seguro de que tenga que hacerlo. No estoy seguro de estar listo. Cuando Catón entró en política, muchos esperaban que hiciera cosas maravillosas de inmediato: discursos inspiradores, condenas intensas o análisis sensatos. Él era consciente de esa presión (algo que todos tenemos constantemente)

    Por el contrario, esperó y se preparó. Analizó sus ideas y se aseguró de no reaccionar con sus emociones; es decir, con egoísmo, ignorancia o precipitadamente. Cuando estuvo listo habló. Habló cuando estuvo seguro de que sus palabras eran dignas de ser escuchadas.

    Hacer esto requiere adquirir consciencia. Es necesario que nos detengamos para evaluarnos con honestidad. ¿ Puedes hacerlo?

  • Recuerda que no solo el ansia de poder y riqueza nos hace viles y subordinados a cosas ajenas, sino también el ansia de calma, ocio, viajes y letras. Sencillamente, sea lo que sea lo exterior, su aprecio nos subordina a otra cosa… Por eso, donde está el afán, allí está también el impedimento.

    Epicteto

    Afortunadamente, Epicteto no sugiere que la paz, el ocio, los viajes y el aprendizaje sean negativos. Sin embargo, el deseo constante y ferviente (si bien no es malo por sí mismo) está cargado de posibles complicaciones. Aquello que deseamos nos hace vulnerables. Ya sea una oportunidad para viajar por el mundo, ostentar un alto cargo o tener cinco minutos de paz y tranquilidad. Cuando anhelamos algo, cuando queremos lo imposible, nos predisponemos a ser víctimas de una decepción. Porque es probable que el destino intervenga y perdamos el control.

    Como Diógenes, el célebre filósofo cínico, afirmó una vez: <Es el privilegio de los dioses no desear nada, y de hombres divinos desear poco>. No querer nada nos hace invencibles, porque así tenemos el control sobre todo. No solo se refiere a no desear banalidades como el dinero, la fama o la clase de disparates que están ilustrados en algunas de nuestras obras y fábulas clásicas. Esa lejana luz verde a la que Gatsby aspiraba también puede representar cosas positivas, como el amor a una causa noble. Pero, asimismo también puede destruir a alguien.

    Cuando se trata de tus objetivos y tus esfuerzos, pregúntate: ¿Los controlo yo, o ellos me controlan a mí?

  • ¡Cuántos placeres han gozado los malvados, los prostituidos, los parricidas, los tiranos!

    Marco Aurelio

    La idea central es estoica: el placer no es una prueba de bondad ni de felicidad verdadera.

    Marco Aurelio está recordando que personas moralmente corruptas —criminales, tiranos o individuos sin virtud— también disfrutan de placeres: riqueza, sexo, poder, comida, lujo, fama, diversión…
    Por eso, según él, buscar el placer como objetivo de vida es un error, porque incluso alguien despreciable puede obtenerlo.

    Lo que intenta separar es:

    • placer → algo pasajero y accesible a cualquiera;
    • virtud → lo que realmente da valor a una vida.

    Desde la filosofía estoica, una persona buena no se mide por cuánto disfruta, sino por:

    • su dominio de sí misma,
    • su justicia,
    • su serenidad,
    • y su conducta racional.

    La frase también tiene un tono de advertencia:

    “No admires a alguien solo porque vive rodeado de placeres; eso no dice nada sobre su carácter.”

    En lenguaje actual, sería algo parecido a:

    “Que alguien tenga éxito, dinero o disfrute mucho no significa que sea una buena persona.”

    O incluso:

    “Los placeres no distinguen entre sabios y corruptos.”

  • Recuerda que en la vida debes comportarte como si estuvieras en un banquete. Imagina que algo llega a la mesa y está frente a ti. Alarga el brazo y toma un trozo con discreción. Imagina que pasa por delante de ti. No lo retengas. Imagina que todavía no te ha llegado. No des rienda suelta a tu deseo y espera a que esté frente a ti. Actúa así con respecto a los niños, con respecto a las mujeres y del mismo modo con los cargos oficiales, con la riqueza, y serás algún día un digno invitado a los banquetes de los dioses.

    Epicteto

    La próxima vez que veas algo que quieres, recuerda la metáfora de Epicteto sobre el banquete de la vida. Cuando te sorprendas emocionado, listo para hacer cualquier cosa, lo que sea, por conseguirlo (el equivalente a largar el brazo y arrebatarle el plato a alguien), recuerda: son malos modales y es innecesario. Entonces, espera tu turno con paciencia.

    Esta metáfora también tiene otras interpretaciones. Por ejemplo, podríamos tener en cuenta que somos afortunados por haber sigo invitados a un festín tan maravilloso (y estar agradecidos). O deberíamos tomarnos el tiempo de saborear los platos que se sirven (disfrutar el momento presente), pero hartarnos de comida y bebida no es bueno, mucho menos para nuestra salud (a fin de cuentas, la gula es un pecado capital). Al final de la comida es de mala educación no ayudar al anfitrión a limpiar y a lavar los platos (desapego). Y, por último, la próxima vez, nos tocará ser anfitriones y agasajar a los demás como ellos lo han hecho (obra de caridad).

    ¡Disfruta de la comida!

  • Ese es el que de verdad se ejercita, el que se entrena para enfrentarse a representaciones (falsas). ¡Aguanta, desdichado! ¡No te dejes llevar! La lucha es grande; la obra, divina: por un reino, por la libertad, por la felicidad, por la imperturbabilidad.

    Epicteto

    Epicteto también utilizó la metáfora de una tormenta. Afirmaba que nuestras impresiones no son distintas del clima extremo, que nos pueda atrapar y sacudir. Lo podemos entender cuando nos exaltamos o afrontamos un asunto con pasión.

    Sin embargo, pensemos en el papel del clima en los tiempos modernos. Hoy hay meteorólogos y expertos que pueden predecir los patrones de una tormenta con bastante exactitud. Solo estamos indefensos frente a un huracán si nos negamos a prepararnos o ignoramos las advertencias.

    Si no contamos con un plan, si nunca aprendemos a asegurar las ventanas, estaremos a merced de esos elementos externos e internos. Seguimos siendo seres humanos débiles si nos comparamos con los vientos de casi doscientos kilómetros por hora; aun así, tenemos la ventaja de poder prepararnos, de poder luchar contra ellos de una manera mejor.